Estás aquí, sentada. Por tu cabeza han pasado ya infinidad de pensamientos, pero jamás das con la clave de todo, y quizá eso sea lo bonito de tu existencia. El no saber que haces aquí exactamente, sentada a los pies de un embalse, escuchando el rumor de los pájaros de fondo. Te incomoda la presencia de la gente, a veces crees que un árbol guarda más comprensión para ti que cualquier persona. Y entonces lloras, lloras por toda la mierda que rodea a tu raza y porque no quieres pertenecer a ella. Lloras porque prreferirías pacer en una pradera, viendo crecer día a día las flores, saltando por las lomas de las montañas y ensuciándote hasta que el barro te inunde de calor. Odias a la gente, porque destruye lo que amas, porque destruye su naturaleza y la torna en plástico y tonos grises.
Quisieras no volver a oir jamás el sonido del despertador o el sonido de un claxon metiéndote prisa en el cuerpo. Pero ahora los coches y despertadores están lejos, ni tan siquiera eres consciente de que alguna persona ande cerca.
y tú estás aquí, sentada, pensando, amando...