jueves, 11 de junio de 2009

Y parece que fue ayer


A veces uno no sabe porque hace las cosas, simplemente las hace, sin pensar. Y entonces sus pasos le dirigen hacia un mundo donde nada es nuevo, el mismo humo, las mismas luces, el mismo bar. Entonces comienzas a caer, comienzas a hundirte en la rutina y sin saber cómo ni por qué estás en frente del metro de tribunal conociendo a alguien.

El alcohol comienza a hacer estragos y sin tener en cuenta tu buena memoria los recuerdos se escapan y dejan pequeños flashbacks que debes ir uniendo, y a pesar de todo parece que fue ayer.

Esos flashbacks se arremolinan en mi mente encontrando la puerta por donde salir. Recuerdo, recuerdo, recuerdo.... recuerdo robar vodka, y empujar un taco de billar ageno entre disimulos nada sutiles. También recuerdo imágenes que preferiría borrar de mi mente. Muchas conversaciones inconexas salen a mi encuentro, palabras, sílabas, pero siempre entre risas y carcajadas. Consejos que intenté seguir y que en algunos casos llevé a cabo. Una pequeña luz en medio de la masa acartonada, una presencia soñadora que lo inunda todo.

Y luego la calle, acompañada de mas sonrisas.

Por último la despedida.

Un hasta luego, no podía ser otra cosa.

lunes, 8 de junio de 2009

La sombra y la luz


Y cada vez que despierta el día, yo retorno a la sombra, moviéndome entre las esquinas y los más pequeños recobecos para que el sol no me azote con su látigo de fuego. Me siento cansada del rencor, del odio, de la superficialidad que envuelve el mundo, así no me encuentro, ni te encuentro ni os encuentro, solo me escondo del dolor que me busca incansablemente.

Sin embargo, cada vez que el sol se oculta comienza mi renacer. La luna me inunda con su luz plateada, la brisa me acuna y me hace avanzar. Por la noche respiro, corro, rio y vuelo. Ya no me escondo, no me hace falta.

Mientras el día muere, el mundo que late dentro de mí se apresura galopante y sale a espandirse con el universo, todo es equilibrio. La noche me enseñó que no necesitaba a nadie a mi lado, que yo sola podía hacer cambiar el universo con un sólo pensamiento. Me enseñó a cerrar los ojos sin tener miedo de quedarme sola por ello.

Y en esta linda noche de viento huracanado salgo al mundo, vuelvo a él, me encomiendo a sus latidos para no dejarme vencer. Me dejo acariciar por su brisa, dejo que que sus tiernas manos me abracen. Soy agua, fuego, tierra y viento.

Y entonces estoy en paz.

Mañana tendre que enfrentarme con el rencoroso sol.

Pero eso es otro día.