miércoles, 9 de septiembre de 2009

La naúsea


Millones de personas sienten y padecen, ríen y lloran, unos piensan, otros no, sufren, se amargan, recuerdan, agonizan...
Amanece una fría y nyblada mañana de otoño, es sabado, demasiado pronto para que nadie esté en pie. Nadie, escepto una procesión que lleva a la muerte a un ser querido, en soledad un llanto corta el cielo pidiendo clemencia.
En otro rincón de este mundo acogedor, el sol luce con firmeza y el calor abrasador hace que las lágrimas de esa chica se mezclen con el sabor salado de su sudor. Manos abrasadoras, corazón congelado.
Unos mil kilómetros al norte un muchacho tiembla de mono en su cama, encerrado, tiembla, arde, se congela, llora, grita, vomita, golpea las pareces y se deja las uñas en el intento. Con las manos ensangrentadas se arremolina en un ovillo para que sus fantasmas le confundan con el suelo.
Si pudieras mirar por las misma ventana de su habitación verías como su vecina, la que siempre mira a escondidas cuando desnuda, se desangra lentamente a través de sus escualidas muñecas.
Quiza consumido por su ausencia, su pequeño gato se tumbe a su lado y omita poco a poco sus funciones vitales para que la muerte se lo lleve con ella.
En un pequeño pueblo al este de Moscú una mujer llora en una esquina. Su cuerpo amoratado descansa por fín de los golpes que su marido le ha propinado hace un rato. Mientras tanto ella piensa en la escusa perfecta que dará mañana para justificar las heridas. En la habitación contigua, su hijo, ahoga su cabeza en la almohada y esnifa pegamento para olvidar la hostilidad a la que está sometido contantemente.
En cualquier barra de bar, de cualquier país, algun anonimo frustrado y decepcionado con la vida se pregunta, entre copa y copa, qué es lo que hizo para merecer tan amargo existir.
Ésto es la naúsea, no el dolor, la amargura, el sentimiento de unadaptación y marginación. No es ser un incomprendido, ni un yonki, ni un loco. Ni siquiera es todas estas cosas juntas. La naúsea es el vacío, es la mirada de quien conoce su inutilidad, su prescindibilidad. Es el alma y la esperanza que nos han abandonado.
La naúsea es la nada, y con nada ni por nada, se vive.